Alejandra es una mujer de edad madura que radica en la ciudad de puebla, se gana la vida pidiendo limosnas en el zócalo de la ciudad y realizando sencillos trabajos de costura, vivió en una casa de asistencia a la edad de 4 años, estos hogares pertenecientes al DIF son para infantes cuya situación legal aun no está bien definida, sufren de abusos o abandonos por parte de los padres. En el caso de Alejandra sus papas habían sido arrestados por narcomenudeo, tenían una “tiendita” en la colonia Madero, se encontraba en el fondo de una privada a lado de un altar de la Virgen de Guadalupe vendían velas de marihuana, bolsas de perico y chiva, debido a este así como otros abandonos Alejandra desde pequeña se encuentra en negación de la realidad y una disputa consigo misma.
La casa de Alejandra se encuentra cerca del zócalo, un cuarto de 2 por 3 metros, techo alto con vigas de madera, suelo de barro y una decoración muy sencilla…… Un colchón sin base, una mesa de madera con banco de plástico, sobre de esta una maquina de cocer que había encontrado abandonada, en el suelo un tapete que ella hizo con retazos de tela le gusta colocarlo a un lado de la puerta recostarse en él y escuchar a las personas que pasan alrededor de su casa. La puerta trasera da a un pasillo que conduce al baño comunal, este funciona con leña sin embargo calienta el cuerpo de Alejandra hasta en el día más frío de su vida. Su día comienza yendo al zócalo para colocarse a un lado de la catedral y pedir cambio durante varias horas, en ocasiones las personas le regalan comida o ropa, después recorre las calles en buscas de objetos que aun puedan servir, por último se sienta en el parque del Carmen durante varias horas para observar a las personas, le gusta ver a los niños jugar, familias saliendo de la iglesia y parejas caminando de la mano.
Ya en su recorrido se había topado con varias macetas tiradas en la calle, dentro de las pocas cosas que le gustan están las flores, eran pocas las que tenían en su casa ya que la mayoría estaban marchitas o no pasaban de retoños, sin embargo lo seguía intentando. Así que tomo las macetas, como en esa ocasión olvido su bolsa y eran varias tuvo que llevarlas con los brazos, a la mitad de la calle un grupo de personas salía de la iglesia celebrando una boda, un señor descuidado al ir de espaldas tomando una fotografía, tira las cosas de Alejandra , ella empieza a morderse los labios cuando estalla en una discusión interna por haber tomado las macetas, se decía en voz baja que ya sabía que nada iba crecer, tan solo gusanos y olores fétidos, los niños que jugaban en el pasillo solían aventar piedras a las plantas así que varias veces rompían las macetas que encontraba. Su cara se veía tensa, con gotas de sudor, sus manos eran muy rígidas al levantar los objetos, las demás personas seguían saliendo y empujándola, Alejandra tan solo se enojaba más, su temperatura corporal subía al igual que el tono de voz, los movimientos de los brazos eran más bruscos y torpes al levantar las macetas, cuando toma la ultima una paloma blanca que había sido soltada por la boda se paro lentamente en su mano, era pequeña, parecía joven , se acurruco en su palma y la miro fijamente a los ojos, Alejandra ahora lucia calmada, con paz, después de que la paloma la observo durante unos segundos, bruscamente empezó a mover las alas para después picotearla con fuerza, Alejandra con un movimiento rápido ahuyento a la paloma, empujo a las personas de su alrededor y continuo su camino.
Mientras camina habla consigo misma de aquella paloma, la manera tan falsa en cómo se presento, de una forma tranquila para que me confiara, después se sentó sobre mi palma para sentir los lugares más tiernos donde picotear, por ultimo me reto con esa mirada frívola, para después atacarme e irse. ¡Estúpida paloma¡ con esa mirada estática, sin emoción, como el blanco de tus plumas , dicen que es la ausencia de color, pues tus eres la carencia de sentimientos, sin llantos ni risas, aun no entiendo porque simbolizas la paz, si has venido a mi tan solo a traer ¡abusos y soledad!. Al seguir caminando se encuentra en la esquina un señor con varios cuadros de atardeceres, Alejandra voltea y ve las pinturas, las observa, se tranquiliza, empieza a decir en voz baja -¡esto si me da paz!, los colores, los tonos, la vida de los paisajes, la armonía de los atardeceres, diferentes elementos de la naturaleza que brindan algo estético. Aun recuerdo el amarillo de los soles que dibujaba con mis compañeras en la casa de asistencia, la blusa roja de la segunda mujer a la cual le dije madre e inclusive el empaque platinado de la muñeca que pedí en navidad. Encuentro mi paz en todos esos colores de diferentes momentos que daban a mi vida la sensación de que ¡todo estaba bien! y ¡tenía gente a mí alrededor que realmente me ama!, Alejandra tomó la maceta en mejor estado, la limpió, se la dio al señor y le dijo:
. -Espero que nazca algo tan lindo como lo que hoy me has recordado-
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